viernes, 15 de abril de 2011

LA SAETA - La mística del dolor de un pueblo


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Jerónimo el Abajao, fue un gran intérprete del cante jondo de primer cuarto del siglo XX cuando los cantantes no eran todavía figuras ni siquiera cobraban apenas dinero por cantar, no se subían a escenarios y su vida era sobria y algunos casi en la pobreza. Mi homenaje a estos hombres, grandes artistas que muy pocos apreciaban su arte.


LA SAETA


La mística del dolor de un pueblo



Hay algo tremendamente paradójico en Andalucía en lo que se refiere a la manifestación de su religiosidad y que produce principalmente en Semana Santa.


Nos encontramos con un fenómeno, único en su especie, de doble vertiente. Por una parte Andalucía se viste con sus mejores galas haciendo alarde de plasticidad, llena de arte exuberante y tremendamente barroco: luces, flores, joyas, encajes, plata, oro, en conjunción verdaderamente única. Y al lado, conviviendo con esta explosión de belleza, hay una sobriedad sobrecogedora, dramática.


No es fácil comprender este fenómeno para quien no lo ha palpado, vivido, pero no de forma ocasional. No es posible que esto lo entienda el visitante que va a presenciar la Semana Santa andaluza, porque esta forma de estar es comparable a cualquier otro espectáculo. Hay que adentrarse más con estas gentes para poder entender un poco este fenómeno. No es cuestión de aprender en libros, no es cuestión de que te lo cuenten. El espíritu andaluz encierra tantas cosas, tanta problemática, en una palabra, tanta hondura y sentimiento que no es posible captarlo de visita.


Ante todo, el andaluz es un enamorado de la belleza y un barroco empedernido. Sirva de ejemplo la belleza de sus patios, que por modestos que sean no les faltan unas flores bellísimas y bien cuidadas aunque estén plantadas en una modesta lata, y sus balcones y ventanas repletos de geranios o claveles reventones de muy diversos colores.


Pero también el andaluz es un ser tremendamente profundo, humano y sensible al dolor. Por eso canta y por eso baila, no es capaz de expresar un dolor, una pena, una situación adversa o también, cómo no…la alegría y la fiesta sin que ello vaya unido a algo bello, estético, artístico. Son dos cosas que van íntimamente ligadas: el dolor o la alegría a la expresión artística.


La Semana Santa en Andalucía no es otra cosa que el resultado de su idiosincrasia, no podría ser de otra manera. Por una parte tenemos una masiva manifestación folclórica en la que participa todo el pueblo; es una fiesta llena de colorido y belleza. En contraste el momento en que produce el canto de una Saeta, ese canto quebrado de dolor que es como un dardo doloroso de profundo sentimientos y de identificación con el Ser preso, herido, torturado y muerto, y de inmensa piedad hacia su Madre que sufre.


El andaluz y sobre todo el gitano, bien sabe de esas penas que las ha sufrido en sus carnes. El cante “jondo” es llanto, son penas, es “jondura”, pero en la saeta se sublima. El cante “jondo” es lo humano, la saeta es la “jondura” divina.


Es por eso por lo que es necesario rodear el ambiente de belleza, y así las lágrimas de dolor de una madre se convierten en brillantes purísimos al rozar el rostro de la Virgen, porque una madre llora lágrimas de agua pero la Madre de Jesús no, porque su plano no es humano, es divino.


Jesús lleva el peso de la cruz, pero el andaluz engrandece ese madero y lo convierte en una joya: valiosos taraceados, maderas preciosas, cantoneras de plata.


El manto de la Virgen ya no es un simple trozo de tela, son magníficos terciopelos con ricos bordados en oro y perlas, y en el caso de pocos recursos económicos de algunas cofradías, siguen sin resignarse a poner un manto sencillo a la Virgen y en su lugar fabrican con sus propias manos, flor a flor, unos maravillosos mantos de flores de gran belleza y riqueza artística.


La Saeta, cante derivado de los más puros cantes, canta por seguiriyas que es el cante de las penas…pero estas seguiriyas hay que divinizarlas, hay que engrandecerlas y entonces se prescinde de lo que distraiga del dolor que se va a expresar y la guitarra enmudece y se queda la Saeta sola…Es el momento en que se produce ese canto doloroso y sobrio…Dramático.


Si la belleza sublimada supone más belleza, el dolor sublimado supone más dolor:


He aquí el tremendo drama y toda una filosofía de un pueblo: NO SE PUEDE DAR MÁS...


María Dolores Velasco Vidal


Es un trabajo original de M.D.Velasco


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