martes, 15 de noviembre de 2011

PASEANDO POR SEVILLA: REAL FÁBRICA DE TABACOS





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PASEANDO POR SEVILLA: “REAL FÁBRICA DE TABACOS”

Amaneció un día espléndido. Desde muy temprano la luz llenaba la sala de la casa dando un ambiente optimista que invita a salir y poder absorber toda la belleza que posee esta ciudad, toda la luminosidad dorada tan exclusiva de Sevilla.

Está finalizando el mes de mayo y, aunque por estas fechas el calor ya empieza a dar la cara, hoy ha concedido tregua como si nos invitara a pasear y admirar las muchas cosas bellas que hay en Sevilla. Acepto su invitación y me lanzo a caminar por sus grandes espacios.

No llevo mucho caminando cuando llego al Prado de San Sebastián, bellísimo, luciendo unos espléndidos contrastes de colores que forman los naranjos plenos de sus frutos y las jacarandas en flor, bellos árboles, de corte elegante, cuajados de florecitas de color malva, frágiles flores que se deshojan y desprenden de sus tallos alfombrando la arena dorada, el “albero”, tan característico de Sevilla. Malva y dorado…como los colores que lucen los toreros en sus sofisticados ternos; es una combinación de colores tan bella que no tienes por menos que detenerte un rato a contemplarlo, a tratar de que los ojos…y la cámara, capten esa imagen que durará poco, tan solo unos días, la flor de las jacarandas es efímera…
¿Por qué las cosas bellas son a menudo efímeras?... ¿Será porque la contínua contemplación de la belleza nos llevaría a la costumbre y de ahí a no verla, no valorarla y no poder disfrutarla?

Sigo adelante y al salir del Prado de San Sebastián lo primero que se ve es un gran edificio, enorme, magnífico, majestuoso, señorial: es la Universidad de Sevilla. Me quedo un rato en contemplación desde lejos para poder verlo en su totalidad y, mientras, pensar todo lo que ese edificio ha sido hasta nuestros días. Me voy acercando, la rodeo durante un buen rato, es grande pero eso me da la oportunidad de ir poco a poco viendo diferentes ángulos del gran edificio. Se construyó entre los años 1728 y 1776 por mandato del rey Fernando VI para albergar la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Fue el edificio industrial más grande de Europa. En él trabajaban 10.000 personas y su construcción se encargó a unos arquitectos militares que le dieron ese aire de fortaleza.

Fue no hace muchos años (1950) cuando dejó de ser fábrica de tabacos y pasó a ser la sede de la Universidad de Sevilla. Actualmente sigue siéndolo aunque solo está el Rectorado, Derecho y alguna disciplina más.

Llama mi atención el foso que lo rodea como si se tratara de una fortaleza inexpugnable. ¡Bien guardados estaban los tabacos!.
El tabaco se introdujo en Europa por Sevilla y fue la primera fábrica que se construyó en Europa, de ahí quizás tanto despliegue de seguridad. Hoy día el enorme foso que rodea todo el edificio está vacío de agua, pero lo han ajardinado de forma que parece que los arbustos y pequeños árboles hayan crecido naturalmente, como si de maleza se tratara, obteniendo un buen resultado ya que, sin perder su severidad, tiene un toque melancólico y poético que resulta muy agradable.

Rodear la antigua fábrica de tabacos de Sevilla lleva su tiempo, es el edificio de mayor planta después del Monasterio de El Escorial, es decir, enorme. Y así estuve más de una hora contemplando detalladamente sus cuatro fachadas cada una con sus magníficas portadas que dan paso al interior, sus ventanas, sus rejas de hechura austera propia de un edificio industrial y que le da un toque de contraste con las suntuosas portadas.

Me siento en unos bancos de piedra del jardincillo del exterior a fantasear sobre lo que tengo delante de mis ojos y parece que veo salir a las trabajadoras, las famosas cigarreras de Sevilla; pienso… ¿por qué mujeres y no hombres? ¿Será porque las manos de las mujeres son más delicadas para un trabajo tan minucioso como es la labor artesana de hacer cigarros, o será que al elaborarlo una mujer deja en ellos parte de sí misma como si de un afrodisiaco se tratara? No me hagáis mucho caso que a veces fantaseo demasiado.

Salen con sus caras cansadas fumando uno de esos cigarros que ellas mismas elaboran. Son bulliciosas, desenfadadas, coquetas, pendencieras. Charlan, comentan, ríen, riñen… Están vivas.

Entre ellas destaca una bella mujer; tiene la hermosura de su raza gitana: belleza, empaque, tronío, carácter, fuerza. Ella es Carmen, la protagonista de la novela de Próspero Mérimée. Mujer que mueve grandes pasiones, no deja insensible a los que la rodean, es el referente de la mujer pasional, fuerte y débil a la vez, la que sabe amar y la que sabe ser la perdición de los hombres, personaje atrayente que desencadena uno de los dramas más tremendos de las historias de ficción. Bizet le pone música y crea la ópera “CARMEN”, bella música para una bella mujer rodeada de todos los tópicos españoles: la gitana, el torero, el militar, el bandolero…Pues aún así, CARMEN sale indemne de todos esos tópicos porque su fuerza, su música, y su propia historia hacen de ella una gran obra.

Por cierto, tengo datos de que esta historia la contó la Condesa de Teba, madre de Eugenia de Montijo (esposa de Napoleón III) a Próspero Mérimée y se quedó tan prendado de semejante leyenda …o ¿historia real?, que la dejó para la posteridad en su libro “CARMEN”.


MARIA DOLORES VELASCO
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